jueves 1 de octubre de 2009

Rebosando de agua, muriendo de sed.

Menuda paradoja, la vida puede llegar a quemar tus circuitos en espera de un nuevo horizonte. Tú, que te muestras fuerte, ansioso de seguir adelante, con ganas de más y más. Tu idiosincrasia es convertir objetivos en necesidades, querer por deber, estar a la altura, sin dejar nada atrás. Eres consciente del porqué de tus inquietudes, de la velocidad que puedes conseguir y a la que necesitas ir para sobrevivir. En el fondo, eres un producto conseguido a medias que quiere generar nuevos productos en perfecto estado, al detalle. Quieres cambiar todo, eres egoísta y tú estilo es el adecuado, sin respetar mandos ni cadenas. La exigencia impuesta se convierte en auto-impuesta, hasta no diferenciar tus objetivos, necesidades, deberes y sueños. Y en un momento dado, eres consciente de aquello que no es agradable, eres uno más, un miserable más, un objeto de más. Deberías querer plantearte tus metas, solo aquellas que están dentro de ti; si no, no llegarás a ellas.

miércoles 15 de julio de 2009

Soledad...

Todos sabemos lo fácil que es sentirse solo: una cuadrilla de seres humanos a tu alrededor no implica que te sientas acompañado. Cuando observo como interactúan las personas, los grupos, me pregunto si existe entre ellos una verdadera amistad. Grupos en los cuales se sienten amigos, no presentan los síntomas que desembocan en dicha relación. Leyendo un poco sobre papel futuro, es fácil observar que cuando dichas personas dejen de hacer una actividad que les una, les separara tanto como para ser un contacto de Messenger con el cual no hablan. Pese a la claridad de lo anterior, nadie podrá cuestionar esa relación, recibirás una mala contestación. No porque lo anterior sea mentira, sino porque nadie se atreverá nunca a reconocerlo.

jueves 9 de julio de 2009

La indiferencia

La indiferencia se ha convertido en uno de los sellos más importantes de la era actual. El mundo, casi en su totalidad, se concentra en un sistema que reivindica el individualismo y defenestra la colectividad. La muerte de esta última esta cerca de convertirse en una realidad: no nos importa el otro, no necesitamos hablar con nadie. Se ha perdido el contacto entre seres humanos y por tanto, su capacidad de cambio. Occidente se ha desplazado a la derecha, con una izquierda liberal carente de valores antaño necesarios para promover el cambio. El resto del mundo no tiene ni voz ni voto, no son dueños de su vida, dependen de un valor económico en una bolsa financiera ficticia que arruina países. La realidad se escribe actualmente con la doble moral y a golpe de talón. Sin ir más lejos, yo estoy aquí escribiendo unas líneas sentado en un sillón sin hacer nada. ¿Cambiará ésto algún día?

viernes 3 de julio de 2009

¿Eres sincero contigo mismo?

Desgraciadamente, cuesta sentirse bien consigo mismo. Más aún cuando no somos políticamente correctos. ¿Realmente nos importa tanto el otro? Creo que no, pero es parte del contrato social. En una conversación con personas que conoces y otras, que desconoces, muestras algún tipo de interés por estas últimas. Un interés que durará sólo cinco minutos, un saludo y una despedida, nada que pueda alterar tu estado de ánimo. Sólo fichamos, para no ser menos que nadie: yo he estado ahí, y he hecho lo que debía. Pero, en tu interior, no te importa ni te supone nada. Te da igual que gane el premio Nobel o que sea atropellada por un autobús. Únicamente es apariencia, una sombra de lo que tu eres, algo que agrada porque no te hace sentir culpable.
Al menos, cuando llegues a tu casa, hablaté y cuenta la verdad.

miércoles 1 de julio de 2009

Indecencia irreal

Sí, eso es lo que me sugiere la forma en que "nuestro colectivo", el español, se dirige hacia la inmigración. Intento comprender, valorar una opinión salida de tono, pero soy incapaz. Oír hablar de "sudacas" a seres que solo conocen a otras culturas a través de un delantal y las telenovelas me parece indecente. Si lo intento analizar fríamente, creo que se trata de un miedo a lo desconocido, un miedo no real. Comentarios, conclusiones, mensajes que sugieren que viven como nadie y tienen más ayudas que todos juntos. Aunque sea por miedo, estoy harto, porque al fin y al cabo solo es clasismo, del que posee o no posee, del que manda u obedece. No puedo entender porque no puedo comprender esa postura. ¿Qué ocurre en un cerebro para que aprecie diferencias entre dos personas de distintos países? ¿Cómo conectan sus neuronas para ser tan explícitos a la hora de considerar como un todo medio continente como Suramérica? ¿Qué problema tenemos con aquellos que están en el mismo barco a la deriva? Quizás sea que no todos estamos en el mismo barco, o tal vez que no queramos estar.

domingo 28 de junio de 2009

Tardes trasnochadoras

Un día como hoy, en el cual la comida empieza a las tres y acaba a las nueve, implica un significado. Un sentido que los comensales a la mesa poseen por su relación con el resto. Cuando se tarda una hora y media en comer, el postre llega a las seis, y la sobremesa acaba entre cafés y cigarros a las nueve, algo se mueve. Se mueve el diálogo, se mueve el mundo que gira entre esas individualidades que forman un colectivo, un todo, un sistema. Porque construyen juntos son lo que son, porque se respetan se aman como se aman. El respeto, ese gran desconocido en tiempos de insolidaridad absoluta, donde tu grado de aceptación depende del número de metros cuadrados comprados a tu disposición, aunque realmente sean de una entidad bancaria durante cincuenta años. Por mi parte, prefiero seguir construyendo a través del diálogo, prefiero seguir respetando.

viernes 26 de junio de 2009

Desde dentro hacia fuera

Entre músicas melancólicas, de esas que te hacen sentire mal sin tener motivo, me planteo cual es la razón por la cual miro y percibo lo que se mueve a mi alrededor. Nadie puede comprender esta mirada, ni yo la de cualquier otro y eso es lo que lo hace único. Aun cuando nuestra sensación fuera la misma, nuestra percepción se ve distorsionada por nuestra propia historia, nuestra genética, nuestro aprendizaje. Por eso me planteo, cuando una persona merece ser escuchada, y decimos: te entiendo..., ¿no le mentimos a él/ella y a nosotros mismos? No tenemos la capacidad de valorar, de sentir, como él/ella lo hace. Entonces, ¿por qué seguimos haciéndolo? Se trata más bien de una muestra de lo que sentimos por esa persona, lo que ella siente, química con sentido, que logra que nos acerquemos a solucionar algo aunque no sepamos a lo que nos enfrentamos. El dolor ajeno de un amigo, compañero, pese a ser cercano, no es propio, pero la forma en que nos mostremos, determinará si nuestro esfuerzo inviable tiene razón de ser.

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